Tema central
Patrimonio cultural inmaterial: otra forma de observar la fauna silvestre en Colombia
Mauricio Vargas-Clavijo.
Universidad Nacional Experimental de los Llanos Occidentales Ezequiel Zamora. Postgrado Latinoamericano en Manejo de Fauna Silvestre. Guanare, Estado Portuguesa, Venezuela.
antroelitrus@yahoo.es
El uso, manejo y protección de la biodiversidad no solo está a cargo de especialistas y académicos. Desde que se celebró el Convenio de Diversidad Biológica en Río de Janeiro en 1992 se ha mencionado el enorme papel que desempeña el conocimiento tradicional de las comunidades locales en relación al manejo de los recursos biológicos (Robinson y Redford 1997; Fang et al. 1999; Nasar-Montoya y Crane 2000; Ojasti y Dallmeier 2000; Rozzi y Feinsinger 2001; Campos-Rozo y Ulloa 2003; Silvius et al. 2004; Polanco-Ochoa 2005). Dichos saberes son producto de las construcciones acerca de la visión del mundo que ha sido trascendida durante varios años a partir de la oralidad y las prácticas demostrativas ancestrales.

Danza del Caimán: Es una danza tradicional que se baila el 20 de Enero en Ciénaga, Magdalena. El argumento cuenta la leyenda del robo de la niña Tomasita por parte del caimán. Tomada de http://www.carnavaldebarranquilla.org/previo/manifestaciones_relacion.html Fundación Carnaval de Barranquilla
Entre la gente del común esta información proporcionada por los pobladores de comunidades locales (indígenas, campesinas, afrodescendientes, tradicionales), causa inquietud, curiosidad y atracción. Sin embargo, a veces, para muchos resultan ser cuestiones absurdas, con poca coherencia y sin algún valor (sobre todo en lo económico). Hasta ahora, en un proceso de apropiación y revaloración que atraviesa el colombiano en relación con su patrimonio, se está dando un valor trascendental a las tradiciones folclóricas a expensas de que estas pueden contribuir ampliamente en el fortalecimiento de la identidad y el mejoramiento de las condiciones de vida. Este texto expone una forma de abordar las relaciones del colombiano con la fauna a partir de interpretaciones de las manifestaciones de la cultura inmaterial. Estudios en el campo de la Etnología, la Antropología Cultural, el Folclor y la Etnozoología han resaltado el valor cultural de la fauna, y demostrado que los conocimientos adquiridos y desarrollados por las distintas culturas acerca de los animales son un mecanismo imprescindible para comprender la influencia ejercida por los animales sobre el hombre desde tiempos históricos inmemorables. En las representaciones culturales se vivifica y hace permanente el significado de los animales para el humano, se reconocen formas de relación y se predicen comportamientos de los mismos individuos dentro de una sociedad. Estos lazos establecidos entre el humano y la biodiversidad son explicados desde los fenómenos bioculturales, que en suma, constituyen las expresiones culturales sobre el patrimonio biológico visto desde el interior de las comunidades.
El Patrimonio Biocultural (PBc) ha sido definido como “la herencia cultural (tanto tangible e intangible, incluyendo leyes consuetudinarias, folclor, valores espirituales, conocimientos, innovaciones y prácticas) y la herencia biológica (diversidad de genes, variedades, especies, aprovisionamiento y regulación del ecosistema, y servicios culturales) de los pueblos indígenas, sociedades tradicionales y comunidades locales, que suelen estar inextricablemente relacionados a través de la interacción entre la gente y la naturaleza, inmersos dentro de contextos socio-ecológicos y económicos[...] incluye el paisaje como dimensión especial en la que la evolución de la herencia biocultural indígena tiene lugar […] y es transmitida de generación en generación, desarrollada, poseída y administrada de forma colectiva por las comunidades, de acuerdo a la ley consuetudinaria” (IIED y AA 2005; SIE 2006), que por su carácter grupal se convierte en un verdadero Patrimonio Biocultural Colectivo (PBcC; Argumedo 2007).
Arévalo (2004) afirmó que patrimonio eran todos aquellos elementos y expresiones más relevantes y significativas culturalmente para una comunidad, que los identificaba y diferenciaba de los demás. Legado por años o surgido en tiempos no tan antiguos, el patrimonio es algo que no se arrebata o copia sino que se construye con la experiencia diaria y el pensamiento de cada miembro de una comunidad. Que si bien a veces resulta difícil su comprensión, se convierte en una herencia única e irrepetible. Avances en estudios culturales, han permitido distinguir dos tipos de herencias patrimoniales.
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Coyongas. Pintura de Inés Ospino en Suescún (2003). La danza de los Coyongos surge en la depresión Momposina (Bolívar) como manifestación de alegría entre los indígenas y criollos al haber logrado la independencia española en 1810. Se cuenta que personas de todas las clases y edades burlaban la corona saliendo a las calles vestidas con prendas que simulaban estas aves zancudas. Al parecer, el baile se había difuminado en el pensamiento de la gente de la región y sólo a comienzos del siglo XX fue recuperado las familias Sosa-Noguera y Beleño esta contribución. En la actualidad, esta danza hace parte del repertorio tradicional del Carnaval de Barranquilla. Se ha constituido como una expresión artística que se mantiene vigente entre las danzas de imitación animal en Colombia. Tomado de http://caribaniamagazine.webcindario. com/DOSSIERS/CARNAVAL/coyongos.htm |
Una la constituyen las manifestaciones surgidas del imaginario de la gente y que son impalpables (Patrimonio Cultural Inmaterial, PCI) físicamente, pero que por su esencia, la mayoría de los miembros de la comunidad o personas exclusivas de la misma, las mantienen con el vigor que las caracteriza. La otra, incluye objetos físicamente palpables que han sido legados por culturas prehispánicas o que se manifiestan a partir de un sinnúmero de elementos corpóreos en las sociedades y pueblos contemporáneos (Patrimonio Cultural Material, PCM). Con el propósito de rescatar, proteger y difundir la cultura inmaterial de los diferentes pueblos alrededor del mundo, en la treintaidosava reunión de la UNESCO (2003), se aprobó la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial.
A partir de la entrada en vigor de la convención el 20 de abril de 2006, cada país ha venido trabajando en actividades de inventario y promoción de esta herencia patrimonial en todos los rincones del territorio. Por su parte, Colombia ha proclamado dos Obras Maestras: el Carnaval de Barranquilla en el 2003 y el Espacio Cultural de Palenque de San Basilio en el 2005 (UNESCO 2006), esperándose que sean más las que estén próximas a incluirse en la lista para su salvaguardia político-legal. En la convención se definió como Patrimonio Cultural Inmaterial a: “los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas -junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes- que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural. Este patrimonio cultural inmaterial, que se transmite de generación en generación, es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana” y que podía ser abordado a partir de cinco grandes tópicos: a) tradiciones y expresiones orales; b) artes de espectáculo; c) usos sociales, rituales y actos festivos; d) conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y el universo; y e) técnicas artesanales tradicionales. A partir de estas premisas se ha querido entretejer la idea que así como se salvaguardan expresiones folclóricas de distinta índole, también se puede proteger un sinnúmero de expresiones “intangibles” de la fauna que pueden funcionar adecuadamente en los planes de manejo y conservación biológica. Se ha manifestado el éxito del manejo de las áreas protegidas por las comunidades locales (Granizo y Arroyo 2007), pues desde otro punto de vista, las decisiones finales sobre el uso y manejo de los recursos son realizadas por la comunidad a través de votos democráticos, así mismo como la implementación de esas decisiones (Coltrane y Bodmer 1999). De igual manera, se ha comprobado como las acciones de co-manejo resultan ser útiles en las políticas de conservación de los recursos naturales (Springer 2007); mientras las comunidades implementan programas de manejo, investigadores y profesionales proporcionan la información básica sobre el estado de los recursos poblacionales (Coltrane y Bodmer 1999; Puertas et al. 2000). Por ejemplo, en trabajos realizados con los indígenas Emberá del Chocó (Colombia), Ulloa et al. (2004) destacaron la importancia de tomar decisiones sobre el manejo de la fauna de caza y demás recursos del bosque teniendo en cuenta las concepciones culturales locales de la fauna y de territorio. Mencionaron, que el establecimiento de refugios de vida silvestre, se pudo desarrollar a partir del trabajo comunitario participativo donde se establecieron zonas que sirvieron de caza esporádica y colecta de semillas, y al mismo tiempo, corredores de hábitat entre refugios. Al tenerse en cuenta estas decisiones lograron observar que el cuidado y protección de algunas zonas favorecía el sostenimiento de la caza de animales de gran tamaño, al igual que de especies migratorias; existía un control de la fragmentación de las poblaciones silvestres y se favorecen el cruzamiento genético entre subpoblaciones. Adicionalmente, las autoras fortalecieron las acepciones a partir de la designación de refugios de vida silvestre que contemplaban restricciones de uso de un territorio por creencias mítico religiosas (el Jaibaná, cuidador y protector de los animales del bosque). Desde esta óptica, se quiere re-valorar el significado de los conocimientos tradicionales entorno al uso, manejo y conservación de la fauna silvestre de una manera eficiente y con resultados que converjan entre lo científico y lo folclórico. De otro modo, las ideas de conservación de nuestros antepasados sobre los recursos faunísticos y sus hábitats se remontaba a las imágenes que tenían de los sitios sagrados en los que habitaban dioses y espíritus de culturas no cristianas (Campos-Rozo y Ulloa, 2003), que en la actualidad, siguen funcionando en las mismas comunidades con efectos reguladores de los animales que se cazan con distintos fines. En esta misma dirección se propone hablar de un Patrimonio Zoocultural Inmaterial (PZcI) y un Patrimonio Zoocultural Material (PZcM), ambos comprendidos a partir del concepto de patrimonialidad cultural, el uno, como la herencia patrimonial intangible de las relaciones humanas con la fauna, y el otro, como el legado de elementos físicos perceptuales asociados a la misma. En el marco de las labores adelantadas por diferentes organismos para reconocer la riqueza patrimonial cultural inmaterial de Colombia, es tarea, compromiso y obligación de todo ciudadano, revalorar y apropiar lo que por derecho tradicional y constitucional corresponde. Desde la perspectiva ecológica, deberán reconocerse y apreciarse las distintas costumbres y manifestaciones que estén ligadas a los abordajes de este tipo patrimonial y que tengan como actores principales a los animales silvestres (y domésticos), con el fin de incluirlos no sólo en las agendas políticas ambientales sino también en las culturales. Aunque el tema para muchos biólogos, manejadores de recursos y conservacionistas pueda parecer un poco controvertido -y divertido a la vez- (obs. pers.), el Patrimonio Zoocultural Inmaterial desde la visión técnico-científico puede ser acogido, estudiado, trabajado y aplicado (por el momento) como aparece en la Tabla 1.
Tabla 1. Expresiones Inmateriales del Patrimonio Zoocultural (PZcI) |
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La fauna silvestre (y doméstica) como eje transversal |
Tradiciones y Expresiones Orales |
Refranes, dichos, máximas, apodos, voces, poemas, cantos, coplas, trabalenguas, adivinanzas, mitos, cuentos, leyendas, fabulas, oraciones, conjuros. |
Artes de espectáculo |
Danza, mímica, teatro infantil, títeres, performancias. |
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Usos sociales, rituales y actos festivos |
Gastronomía a partir de animales silvestres, actos rituales mágico-religiosos de iniciación espiritual, de cacería, de fortalecimiento social; festivales de música, danza, copla, etc; Zooterapia. |
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Conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y el universo |
Creencias hacia los animales. Involucra el Conocimiento Ecológico Tradicional (CET; Hunn 1988, 2007), por ejemplo, biología y ecología comportamental de las especies. |
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Técnicas artesanales tradicionales |
Técnicas y estrategias de cacería, pesca y colecta; elaboración de productos zooterapéuticos, pócimas, alimentos, artesanías o cualquier otro objeto material incluidos los aparejos de cacería, pesca y colecta. |
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Estas maneras de expresar la fauna a través de la cultura están mediadas por actitudes de las personas determinadas por diversos factores como la abundancia del animal, sensación táctil, sensación visual, creencia espiritual, idea de suciedad o limpieza, asociación del animal a dolencias, creencia en la fragilidad o resistencia del animal, beneficios o perjuicios que las especies puedan traer, inconformidad que pueda generar, apariencia y conocimiento o desconocimiento sobre este (Morales et al., 1997), motivos suficientes para aceptar o rechazar una especie animal. Teniendo en cuenta esto, deberá examinarse con profundidad cada elemento patrimonial, pues este tiene un valor étnico y simbólico que constituye las formas y rasgos con los que se identifica un pueblo y sus formas de vida (Arévalo 2004). Aunque parezcan simples esas realidades culturales, los animales funcionan como vehículo comunicador de las formas de vida de cada colombiano. Es inevitable reconocer que comúnmente entre los pueblos de las tierras bajas de América del Sur, las relaciones sociales y otros fenómenos culturales sean derivados de animales y representados simbólicamente en el rito y la iconografía (Turner 1985), situación innegable y de alto valor en estos momentos donde la crisis cultural y ambiental es una consecuencia globalizadora.
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Comparsas: grupos de danzantes en los que la expresión libre, la creatividad e ingenio son su baluarte para la propuesta coreográfica. En su forma de mostrarse han asimilado a disfraces tradicionales y propios del Carnaval como Las Marimondas, los Monocucos y los Toritos. Tomada de http://www.carnavalde barranquilla.org/previo /manifestaciones_ comparsas.html |
Rozzi et al. (2003) mencionaron que lamentablemente algunos datos culturales y biológicos se desconocen aún para la ciencia, siendo también un motivo de desconocimiento para el resto de la sociedad y para quienes toman decisiones políticas, económicas y en materia de cultura, incidiendo notablemente en las relaciones con el ambiente. Acuñaron que esto responde en cierta medida a que la crisis ambiental, la pérdida de diversidad biológica y cultural está asociada a una “crisis cognitiva” al no comprenderse las miradas de otras culturas con las que se comparte el espacio. Se precisa que cada año, millones de jóvenes (especialmente en las economías incipientes) llegan a la madurez sin tener acceso a conocimientos esenciales sobre la diversidad biológica o el patrimonio natural de su país (Moritz 2004). En Colombia, este desconocimiento de la biodiversidad comienza desde la temprana edad en el momento en que se “bombardea con publicidad” la mente del niño con información biológica y ambiental ajena a la verdadera realidad. Es de esperarse que no existan respuestas protectoras hacia entre los niños colombianos cuando lo que se presenta a través de el televisor o los libros de texto, animales exóticos (elefantes, tigres de bengala, orangutanes, leones, etc) al contexto neotropical. Actitudes ambientales podrían darse en el tiempo reforzando los conceptos biológicos a través del conocimiento cultural, deberán reconvertirse formas de afrontar la crisis de tal modo que se reconozca la fauna nativa y se apropie culturalmente de esta en beneficio de la conservación ¿quién no disfruta de las monerías que hace una persona tratando de imitar un animal? ¿de la complacencia de asistir a un festival de contrapunteo o de bailes? ¿de internarse un tiempo en la selva para reunirse con los indígenas y aprender cosas de ellos?. Bajo esta pretensión, la educación ambiental deberá estar atravesada por los estudios en Etnozoología o los que relacionen a los animales en el folclor.
En Colombia y en muchos países de América Latina desde hace casi ya dos décadas hubo una creciente preocupación por emprender trabajos relacionados con la conservación de los recursos biológicos, donde se engrandecía el valor de la biodiversidad desde diferentes planos (económico, utilitario, estético, etc). Hasta hace poco, pareciera que esta actitud sobre todo por parte del Estado (para reconocer y proteger bajo una legislación especial), hubiera sido generada por una “memoria intermitente” que manifestaba sus acciones solo cuando era necesario. Ahora, debido a que realmente se está viendo el declive de los recursos (en lo que respecta, la fauna) y las consecuencias que esto trae para la sobrevivencia de los demás organismos, sin duda, la atención que se les ha prestado ha sido mayor. Los resultados de pequeñas y medianas investigaciones participativas con comunidades locales han aportado sustancialmente a detener algunos fenómenos asociados a la extinción de la diversidad biológica en todos sus niveles. Sin embargo, es necesario recuperar y poner en práctica desde la reflexión cultural, desde lo folclórico y tradicional, variadas manifestaciones que se realizan con los animales que se convive a diario. En la mayoría de los casos los actores rurales, costeros e indígenas han sido quienes han valorado culturalmente mucho más los animales, de ellos se desprende la particularidad de lo folclórico, la diversidad de pensamientos en las zonas urbanas hace que se entremezclen estas experiencias, desvanezcan y terminen por quedar en el recuerdo o simplemente olvidándose.
El valor simbólico del que se impregnan estos imaginarios basados en el Zoo dará vida a la comprensión de los tejidos sociales y las relaciones que se tienen con la fauna regional. Si bien se ha percibido aparentemente una despreocupación del colombiano por explorar y reconocer su fauna y la importancia biológica y cultural que esta tiene en los fenómenos socio-ambientales, Baptiste-Ballera et al. (2002) afirmaron que paradójicamente, la historia ha demostrado que en el país no ha habido una ausencia de valoración social del recurso faunístico. Los autores convinieron en decir que los animales han cruzado dimensiones sociales, económicas, políticas y culturales (iconografía, mitología, disfrute o consumo) en los pueblos indígenas, tradicionales y demás comunidades locales, que a través del tiempo han originado la aparición de hechos históricamente relevantes para los colombianos.
Datos culturales sobre las expresiones, uso, percepción y significado de los animales en la Colombia Inmaterial derivan de múltiples trabajos de las ciencias sociales, lo que pone una vez más de manifiesto, que se debe pensar en programas de manejo y conservación de la fauna con equipos interdisciplinarios de trabajo. Esto permitirá avanzar conjuntamente en tareas de reconocimiento de la riqueza de las expresiones patrimoniales zooculturales que se mantienen inermes en el tiempo a la espera que alguien las reconozca. Aprovechar estas percepciones y divulgarlas entre la comunidad científica y el público general es una herramienta imprescindible para aminorar la amenaza de extinción de las especies animales. De alguna manera, el conocimiento tradicional asegura que los científicos accedan fácilmente a la información elemental, al mismo tiempo que se convierte en un componente necesario para que se den subsidios a los pobladores locales para la protección de su biodiversidad y territorio (Batistella et al. 2005).
AGRADECIMIENTOS
A la bióloga y antropóloga Marcela Castellanos por sus fructíferas conversaciones promotoras de esta idea.

Diversas publicaciones sobre manejo de fauna por comunidades
Los resultados de pequeñas y medianas investigaciones participativas con comunidades locales han aportado sustancialmente a detener algunos fenómenos asociados a la extinción de la diversidad biológica en todos sus niveles.
Imágenes tomadas de http://www.natura.org.co/productos.htm
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